viernes, 26 de febrero de 2016


Por la Cruz a la luz.

Apreciados lectores. Hemos avanzado en nuestro tiempo de Cuaresma. En la liturgia, ya casi llegamos al acontecimiento central de nuestra fe: la gloriosa Resurrección de Jesucristo. Ciertamente, al contemplar el misterio de Cristo glorificado y resucitado es una clara expresión del inmenso y misericordioso amor de Dios por nosotros; el cual no quiere que experimentemos el peso de la condenación, sino la liberación por la resurrección. Esa es nuestra meta final: resucitar con Cristo.
Ahora bien, conviene decir que, si bien es cierto que estamos llamados a resucitar con Cristo, no podemos dejar de lado el camino por el que Cristo llegó a la Gloria; esto es, el camino de la cruz. Para nosotros los cristianos, la cruz se ha convertido en el signo por excelencia de la salvación. Ciertamente, no hay gloria sin cruz. Quiero compartir con ustedes ese escrito del poeta Lope de Vega en el que proclamaba la relación estrecha entre la salvación y el ofrecimiento en la cruz:

Sin Cruz no hay Gloria ninguna,
ni con Cruz eterno llanto,
Santidad y Cruz es una,

no hay Cruz que no tenga santo,
ni santo sin Cruz alguna”.

En Efecto, la huella de Dios es la cruz. Cuando contemplamos el madero de la cruz nos colocamos ante la manifestación más sublime del amor del Padre que no se reservó a su propio Hijo con tal de redimirnos de nuestros pecados. La cruz es el altar del sacrificio, donde el Cordero inmaculado se ofrenda por nuestros pecados. Es por la sangre preciosa de Jesús y por sus llagas por las que hemos sido sanados (1 Pe. 2, 24).

Así pues hermanos, no despreciemos la cruz de nuestra vida. Cada uno de nosotros sabe cuál es la cruz que debe besar y abrazar para poder llegar al cielo. En los próximos días entraremos en el tiempo de la Pascua y estaremos meditando los relatos de las apariciones del Resucitado a sus discípulos. Les propongo leer y meditar el evangelio de Juan 20, 25-27 para recordar que Jesús Resucitado tiene las marcas de la cruz en su cuerpo glorioso. Por tanto, fortalezcamos nuestra fe en que por la cruz llegaremos a la luz.  

Victoria, Tú reinarás. Oh Cruz, Tú nos salvarás. 


Hola, soy el padre Hugo. Quiero compartir con ustedes por medio de este blog acerca de diversos temas que incumben al ámbito de la fe y de la vida en general. Espero que sea de su agrado. Dios les bendiga y María les acompañe.