martes, 10 de mayo de 2016

He venido para que tengan vida en abundancia.

El aborto: contrario al plan de Dios.



Muy queridos hermanos en Jesucristo el Señor.  Recientemente celebramos el Día de las Madres. Con esta festividad queríamos honrar la vida y entrega de aquellas mujeres que, por gracia divina, han sido cooperadoras de Dios en la transmisión de la vida. Efectivamente, el misterio de la maternidad sobrepasa la razón humana. Es un don de Dios.
En este sentido, la celebración de la maternidad va íntimamente unida al don de la vida. Dios es el autor de todo cuanto existe. Él es la fuente de la vida y, en Jesucristo, nos ha revelado que ha venido para que tengamos vida y en abundancia. (Jn 10, 10). Por esto debemos sostener que, todo aquello que va en detrimento de la vida es intrínsecamente malo y es absolutamente contrario al plan de Dios. Es así que, el denominado aborto terapéutico  o comúnmente conocido como aborto provocado,  es, en efecto, un pecado grave porque va contra la ley de Dios expresado en el Decálogo: No matarás. (Ex. 20, 13). Incurren en este pecado no solamente la mujer que se somete al aborto, sino además quienes participan de modo directo y también quienes aconsejan el aborto.
Está claro que para nosotros los creyentes del Evangelio proclamamos, aceptamos y defendemos la existencia de la vida humana desde el mismo momento de la fecundación del óvulo materno. Es ahí donde se origina la vida y, por tanto, es desde ese momento, desde la concepción, en que estamos en presencia del milagro de la vida humana. En efecto, nuestra defensa de la vida va desde las etapas iniciales e incluye todo su proceso de gestación, nacimiento, desarrollo hasta su muerte natural.

Un verdadero católico ama y defiende la vida. Hay diversidad de razones que intentan justificar esta práctica tan terrible, tratando de “endulzar” la conciencia de quienes acuden a esta práctica. Ofrecen esto como la solución a los problemas. Una posible salida sin complicaciones. Nada más falso. En mi experiencia como sacerdote, al hablar con una mujer que haya abortado he visto el rostro del dolor de haberle privado la vida a su hijo.
Una vez conversé con una humilde mujer que me decía que, a veces, oía el llanto de su bebé. En otra oportunidad una mujer compartió conmigo su experiencia que, después de haberse sometido a un aborto “terapéutico” ya nuca más pudo tener hijos. Y no solamente las mujeres; también los papás responsables se afectan profundamente cuando se dan cuenta de la falsedad que rodea la anticultura del aborto. Nada de esto lo advierten los “médicos” pro-abortistas acerca de los daños psicológicos, morales e incluso biológicos que puede acarrear una funesta práctica como esta. Obviamente, no lo hacen, porque dicha práctica hunde sus raíces en las más egoístas motivaciones ególatras y mercantilistas.
En medio de un mundo marcado por la cultura de la muerte (en la que está no sólo el aborto y sus derivaciones abortistas, sino todo un amplio espectro que va en detrimento de la dignidad humana), nosotros debemos ser luz y testimonio de la defensa de la vida. Honremos la vida que Dios nos ha dado. Seamos paladines de la Verdad y de la Vida. No seamos indiferentes ante este terrible flagelo de la humanidad. El hijo que hoy te puede causar temor traerlo al mundo, es el hijo que te llenará el corazón de alegría cuando puedas contemplar su ternura. Dile NO al aborto y SÍ a la vida.

A continuación les dejo este link en donde pueden tener mayor orientación con respecto a este tema tan importante: www.priestsforlife.org/spanish/

Dios les bendiga.

Fr. Hugo Jiménez. 

jueves, 5 de mayo de 2016

Mayo, mes de María

María, madre del amor

          Apreciados hermanos. Estamos dando inicio a un mes verdaderamente maravilloso. Por una parte, la primavera ha comenzado su esplendor. Da gusto poder contemplar el cambio en la naturaleza. Sin duda es un regalo de Dios. Pero también el mes de mayo es el mes que celebramos otro de los regalos de Dios para nosotros: nuestras mamás. Toda madre es un signo del amor de Dios en la tierra. El amor de madre es inigualable; sólo ella tiene la experiencia de amar como Dios “desde las entrañas” (Isaías 49, 15). Por eso un profesor de teología en el seminario siempre nos decía que el corazón de Dios es un corazón de PADRE-MADRE.
          Pero también, desde muy pequeño, me enseñaron que el mes de mayo es el mes que dedicamos de un modo especial a la Virgen María; madre de Dios y madre nuestra. Ciertamente, desde los inicios de la cristiandad la persona de María ha tenido una especial relevancia en el camino de la fe. Recuerdo aquella frase de los primeros siglos: “A Cristo por María”. Señalando así que, al amar y acercarnos a María también amamos y nos acercamos a su Hijo.

 Ella nos enseña que debemos amar a Dios sobre todas las cosas; por eso siempre lo tenía en su corazón (Lucas 2). Meditar el misterio de María nos hace hombres y mujeres de fe para responder al querer de Dios antes que a nuestras pretensiones humanas (Lucas 1, 38). La madre del Señor nos invita a vivir con alegría la fuerza del Evangelio a través del servicio (Lucas 1, 39).
Además la santísima Virgen María nos impulsa a fijar nuestra atención en el Señor no sólo en los momentos de gozo y alegría (Lucas 1, 35), sino también a elevar nuestra mirada al Redentor a pesar de las contrariedades de la vida, del dolor, de la enfermedad, del sufrimiento (Juan 19, 25). Además nos indica que la mejor manera de contemplar la gloria de Dios es a través del ejercicio humilde y obediente de la fe para poder “hacer lo que Él nos diga” (Juan 2, 5).
Así pues hermanos, reforcemos en este mes de mayo nuestra espiritualidad cristiana y mariana; de un modo especial a través del rezo del Santo Rosario. Dediquemos esos “Ave marías” y “Salve” a esa mamá bella que nos dejó Jesús en la cruz (Juan 19, 26-27); asimismo,  no perdamos la oportunidad de honrar a nuestras madres que aun peregrinan con nosotros en este mundo, como también a aquellas que ya han partido a la morada eterna.
Que María, madre del Amor Divino nos bendiga siempre especialmente a todas las madres en su mes.
Fr. Hugo Jiménez.

Madre del Redentor, Virgen fecunda,
Puerta del cielo siempre abierta,
Estrella del Mar,
ven a librar al pueblo que tropieza
y quiere levantarse.
Ante la admiración de cielo y tierra
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.
Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores