He venido para que tengan vida en abundancia.
El aborto: contrario al plan de Dios.
Muy queridos hermanos en Jesucristo el Señor. Recientemente celebramos el Día de las
Madres. Con esta festividad queríamos honrar la vida y entrega de aquellas
mujeres que, por gracia divina, han sido cooperadoras de Dios en la transmisión
de la vida. Efectivamente, el misterio de la maternidad sobrepasa la razón
humana. Es un don de Dios.
En este sentido, la celebración de la maternidad va íntimamente
unida al don de la vida. Dios es el autor de todo cuanto existe. Él es la
fuente de la vida y, en Jesucristo, nos ha revelado que ha venido para que
tengamos vida y en abundancia. (Jn 10, 10). Por esto debemos sostener que, todo
aquello que va en detrimento de la vida es intrínsecamente malo y es absolutamente
contrario al plan de Dios. Es así que, el denominado aborto terapéutico o comúnmente
conocido como aborto provocado, es, en efecto, un pecado grave porque va
contra la ley de Dios expresado en el Decálogo: No matarás. (Ex. 20, 13). Incurren en este pecado no solamente la
mujer que se somete al aborto, sino además quienes participan de modo directo y
también quienes aconsejan el aborto.
Está claro que para nosotros los creyentes del
Evangelio proclamamos, aceptamos y defendemos la existencia de la vida humana
desde el mismo momento de la fecundación del óvulo materno. Es ahí donde se
origina la vida y, por tanto, es desde ese momento, desde la concepción, en que
estamos en presencia del milagro de la vida humana. En efecto, nuestra defensa
de la vida va desde las etapas iniciales e incluye todo su proceso de
gestación, nacimiento, desarrollo hasta su muerte natural.
Un verdadero católico ama y defiende la vida. Hay diversidad
de razones que intentan justificar esta práctica tan terrible, tratando de “endulzar”
la conciencia de quienes acuden a esta práctica. Ofrecen esto como la solución
a los problemas. Una posible salida sin complicaciones. Nada más falso. En mi
experiencia como sacerdote, al hablar con una mujer que haya abortado he visto
el rostro del dolor de haberle privado la vida a su hijo.
Una vez conversé con una humilde mujer que me decía
que, a veces, oía el llanto de su bebé. En otra oportunidad una mujer compartió
conmigo su experiencia que, después de haberse sometido a un aborto “terapéutico”
ya nuca más pudo tener hijos. Y no solamente las mujeres; también los papás
responsables se afectan profundamente cuando se dan cuenta de la falsedad que
rodea la anticultura del aborto. Nada
de esto lo advierten los “médicos” pro-abortistas acerca de los daños
psicológicos, morales e incluso biológicos que puede acarrear una funesta
práctica como esta. Obviamente, no lo hacen, porque dicha práctica hunde sus
raíces en las más egoístas motivaciones ególatras y mercantilistas.
En medio de un mundo marcado por la cultura de la muerte
(en la que está no sólo el aborto y sus derivaciones abortistas, sino todo un
amplio espectro que va en detrimento de la dignidad humana), nosotros debemos
ser luz y testimonio de la defensa de la vida. Honremos la vida que Dios nos ha
dado. Seamos paladines de la Verdad y de la Vida. No seamos indiferentes ante
este terrible flagelo de la humanidad. El hijo que hoy te puede causar temor
traerlo al mundo, es el hijo que te llenará el corazón de alegría cuando puedas
contemplar su ternura. Dile NO al aborto y SÍ a la vida.
A continuación les dejo este link en donde pueden
tener mayor orientación con respecto a este tema tan importante: www.priestsforlife.org/spanish/
Dios les bendiga.
Fr. Hugo Jiménez.


