María, madre del amor
Apreciados
hermanos. Estamos dando inicio a un mes verdaderamente maravilloso. Por una
parte, la primavera ha comenzado su esplendor. Da gusto poder contemplar el
cambio en la naturaleza. Sin duda es un regalo de Dios. Pero también el mes de
mayo es el mes que celebramos otro de los regalos de Dios para nosotros:
nuestras mamás. Toda madre es un signo del amor de Dios en la tierra. El amor
de madre es inigualable; sólo ella tiene la experiencia de amar como Dios
“desde las entrañas” (Isaías 49, 15). Por eso un profesor de teología en el
seminario siempre nos decía que el corazón de Dios es un corazón de
PADRE-MADRE.
Pero
también, desde muy pequeño, me enseñaron que el mes de mayo es el mes que
dedicamos de un modo especial a la Virgen María; madre de Dios y madre nuestra.
Ciertamente, desde los inicios de la cristiandad la persona de María ha tenido
una especial relevancia en el camino de la fe. Recuerdo aquella frase de los
primeros siglos: “A Cristo por María”. Señalando así que, al amar y acercarnos
a María también amamos y nos acercamos a su Hijo.
Ella nos enseña
que debemos amar a Dios sobre todas las cosas; por eso siempre lo tenía en su
corazón (Lucas 2). Meditar el misterio de María nos hace hombres y mujeres de
fe para responder al querer de Dios antes que a nuestras pretensiones humanas
(Lucas 1, 38). La madre del Señor nos invita a vivir con alegría la fuerza del
Evangelio a través del servicio (Lucas 1, 39).
Además la santísima Virgen María nos impulsa a fijar
nuestra atención en el Señor no sólo en los momentos de gozo y alegría (Lucas
1, 35), sino también a elevar nuestra mirada al Redentor a pesar de las
contrariedades de la vida, del dolor, de la enfermedad, del sufrimiento (Juan
19, 25). Además nos indica que la mejor manera de contemplar la gloria de Dios
es a través del ejercicio humilde y obediente de la fe para poder “hacer lo que
Él nos diga” (Juan 2, 5).
Así pues hermanos, reforcemos en este mes de mayo
nuestra espiritualidad cristiana y mariana; de un modo especial a través del
rezo del Santo Rosario. Dediquemos esos “Ave marías” y “Salve” a esa mamá bella
que nos dejó Jesús en la cruz (Juan 19, 26-27); asimismo, no perdamos la oportunidad de honrar a
nuestras madres que aun peregrinan con nosotros en este mundo, como también a
aquellas que ya han partido a la morada eterna.
Que María, madre del Amor Divino nos bendiga siempre
especialmente a todas las madres en su mes.
Fr. Hugo Jiménez.
Madre del Redentor,
Virgen fecunda,
Puerta del cielo siempre abierta,
Estrella del Mar,
ven a librar al pueblo que tropieza
y quiere levantarse.
Ante la admiración de cielo y tierra
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.
Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores

Hermosa nuestra Santa Madre. Gracias Padre Hugo por sus escritos, siempre son de gran bendición
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