jueves, 5 de mayo de 2016

Mayo, mes de María

María, madre del amor

          Apreciados hermanos. Estamos dando inicio a un mes verdaderamente maravilloso. Por una parte, la primavera ha comenzado su esplendor. Da gusto poder contemplar el cambio en la naturaleza. Sin duda es un regalo de Dios. Pero también el mes de mayo es el mes que celebramos otro de los regalos de Dios para nosotros: nuestras mamás. Toda madre es un signo del amor de Dios en la tierra. El amor de madre es inigualable; sólo ella tiene la experiencia de amar como Dios “desde las entrañas” (Isaías 49, 15). Por eso un profesor de teología en el seminario siempre nos decía que el corazón de Dios es un corazón de PADRE-MADRE.
          Pero también, desde muy pequeño, me enseñaron que el mes de mayo es el mes que dedicamos de un modo especial a la Virgen María; madre de Dios y madre nuestra. Ciertamente, desde los inicios de la cristiandad la persona de María ha tenido una especial relevancia en el camino de la fe. Recuerdo aquella frase de los primeros siglos: “A Cristo por María”. Señalando así que, al amar y acercarnos a María también amamos y nos acercamos a su Hijo.

 Ella nos enseña que debemos amar a Dios sobre todas las cosas; por eso siempre lo tenía en su corazón (Lucas 2). Meditar el misterio de María nos hace hombres y mujeres de fe para responder al querer de Dios antes que a nuestras pretensiones humanas (Lucas 1, 38). La madre del Señor nos invita a vivir con alegría la fuerza del Evangelio a través del servicio (Lucas 1, 39).
Además la santísima Virgen María nos impulsa a fijar nuestra atención en el Señor no sólo en los momentos de gozo y alegría (Lucas 1, 35), sino también a elevar nuestra mirada al Redentor a pesar de las contrariedades de la vida, del dolor, de la enfermedad, del sufrimiento (Juan 19, 25). Además nos indica que la mejor manera de contemplar la gloria de Dios es a través del ejercicio humilde y obediente de la fe para poder “hacer lo que Él nos diga” (Juan 2, 5).
Así pues hermanos, reforcemos en este mes de mayo nuestra espiritualidad cristiana y mariana; de un modo especial a través del rezo del Santo Rosario. Dediquemos esos “Ave marías” y “Salve” a esa mamá bella que nos dejó Jesús en la cruz (Juan 19, 26-27); asimismo,  no perdamos la oportunidad de honrar a nuestras madres que aun peregrinan con nosotros en este mundo, como también a aquellas que ya han partido a la morada eterna.
Que María, madre del Amor Divino nos bendiga siempre especialmente a todas las madres en su mes.
Fr. Hugo Jiménez.

Madre del Redentor, Virgen fecunda,
Puerta del cielo siempre abierta,
Estrella del Mar,
ven a librar al pueblo que tropieza
y quiere levantarse.
Ante la admiración de cielo y tierra
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.
Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores

1 comentario:

  1. Hermosa nuestra Santa Madre. Gracias Padre Hugo por sus escritos, siempre son de gran bendición

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