lunes, 28 de marzo de 2016





VERDADERAMENTE HA RESUCITADO

          Muy querid@s lectores y herman@s: les hago el saludo que alegra el corazón de la cristiandad entera: VERDADERAMENTE HA RESUCITADO EL SEÑOR. ALELUYA.

          Hoy, sin lugar a dudas, andamos con el corazón alegre. Cristo, El Señor, ha vencido las ataduras de la muerte y ha ganado para nosotros el regalo de la salvación. Son tantas las cosas que podemos decir con respecto a la Resurrección. Sin embargo, considero que la palabra que debe resumir nuestro sentir es: GRACIAS. Demos gracias a Dios porque, sin ningún mérito nuestro nos ha dado a su Hijo para la remisión de nuestros pecados.

La Pascua es proclamación de victoria. Aunque parezca contradictorio; el madero de la cruz, símbolo de la más ignominiosa derrota fue transformado en el emblema de la exaltación. Al resucitar, Cristo ha vencido al pecado y a su consecuencia inmediata, que es la muerte. Somos victoriosos en Cristo; por eso no debe haber desesperanza en el corazón de un creyente. Por su victoria nosotros somos vencedores.
La Pascua es testimonio del amor. Porque, tal como dice san Juan (Jn 3, 16), tanto amó Dios al mundo que entregó a su propio Hijo. Por tanto, contemplar al Resucitado es, al mismo tiempo, mirar los ojos amorosos del Padre.
La Pascua es recordatorio, de que es posible llegar al cielo pero no sin pasar por el camino de la cruz (recomiendo leer uno de mis artículos titulados “Por la Cruz a la Luz”).  

La Pascua es un canto a la vida. Vivir la resurrección debe hacer de nosotros proclamadores del Evangelio de la vida en medio de una sociedad que ensalza la cultura de la muerte. Recordemos a el Señor es el camino, la verdad y la vida (Juan 14, 6).
La Pascua es experiencia de fe. Es por ello que nuestro peregrinar en este mundo, a pesar de las adversidades y cruces de la vida, no desfallecemos. Por el contrario, alentados por la firme convicción en la Resurrección seguimos adelante: alegres, animosos, confortados. Porque sabemos que no vamos solos; la fe nos permite experimentar al Crucificado – Resucitado con nosotros.
Felices pascuas de Resurrección para todos. Les dejo de meditación la Secuencia que proclamamos en la misa de Pascua.
Cristo Resucitado les fortalezca (Flp. 4, 13)
Fr. Hugo Jiménez.

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza 
a gloria de la Victima 
propicia de la Pascua.
Cordero sin pecado 
que a las ovejas salva, 
Dios y a los culpables 
unió con nueva alianza.
Lucharon vida y muerte 
en singular batalla, 
y, muerto el que es la Vida, 
triunfante se levanta.
«¿Qué has visto de camino, 
María, en la mañana?» 
«A mi Señor glorioso, 
la tumba abandonada,
los ángeles testigos, 
sudarios y mortaja. 
¡Resucitó de veras 
mi amor y mi esperanza!
Venid a Galilea, 
allí el Señor aguarda; 
allí veréis los suyos 
la gloria de la Pascua. »
Primicia de los muertos, 
sabemos por tu gracia 
que estás resucitado; 
la muerte en ti no manda

Rey vencedor, apiádate 
de la miseria humana 
y da a tus fieles parte en 
tu victoria santa.

lunes, 21 de marzo de 2016

El Triduo Pascual


            Apreciad@s herman@s y lector@s:
Estamos en el inicio de la Semana Santa. Este domingo hemos tenido la gran solemnidad del Domingo de Ramos, con el que conmemoramos la entrada triunfante y mesiánica de Jesús en Jerusalén: ¡Hosanna al que viene en nombre del Señor! Con esta celebración dimos inicio al peregrinar de Jesús para llevar a plenitud el cumplimiento cabal de la voluntad del Padre Dios; recordemos esas palabras: “Padre, si quieres aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad sino la tuya” (Lucas 22, 42).
Pues bien, la liturgia de la Iglesia resume ese “cumplir la voluntad del Padre” en tres días; a saber: jueves, viernes y sábado Santo. Estos días solemnes se les conoce como el Triduo Pascual; es decir, los tres días en que, según el origen mismo de la palabra pascua; que significa paso, conmemoramos el “paso” del Señor. A continuación les dejo solo algunos “tips” para considerar durante estos días.
Jueves Santo: En este día hay al menos tres aspectos que debemos tener en cuenta para la celebración. En primer lugar, se celebra la institución del sacerdocio ministerial. Es por ello que, en la mañana, los sacerdotes nos reunimos junto al obispo en la misa Crismal para agradecer a Dios por el don del ministerio sacerdotal, bendición y consagración de los Óleos santos y además, renovar nuestras promesas sacerdotales.
Ese mismo jueves, en horas de la tarde ya es formalmente el inicio del Triduo Pascual. En esta misa consideramos el segundo de los aspectos centrales de este día: la institución de la Eucaristía. Nos recuerda que Jesús quiso quedarse con nosotros en este sacramento para ser nuestro alimento en el camino de la fe.

El tercer aspecto a considerar este día es lo que conocemos como el “Mandamiento del amor”. Ese mandato de Jesús en el que nos invita a amar, perdonar y servir al prójimo. Por eso, en este día se usa el símbolo del “Lavatorio de los pies” para recalcar el aspecto de hacerse servidores de los demás.
Viernes Santo: En este día, el tema central está enmarcado en la meditación de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Se nos invita a meditar todo el sacrificio de Cristo en la Cruz para la redención de nuestros pecados. Ese día el altar (símbolo de Cristo en la liturgia) permanece desnudo. Además se realiza el gesto de veneración de la Santa Cruz en el que besamos a Jesús que cuelga del madero. Otro gesto litúrgico de este día es que, después de la celebración de la Pasión el templo permanece cerrado hasta la vigilia pascual como símbolo de la muerte de Cristo.
Sábado Santo: Este día tiene lugar la celebración de la Vigilia Pascual. Esta vigilia, según el misal Romano, es la “Madre de todas las vigilias”; porque en ella se proclama el gran acontecimiento de la resurrección del Señor. Entre los símbolos tenemos la consagración del Cirio Pascual, que representa a Cristo que vence la oscuridad de la muerte. Este cirio presidirá los actos litúrgicos durante los cincuenta días de la Pascua.
Otro aspecto a considerar en la liturgia es la proclamación solemne del Pregón Pascual; himno que entona la cristiandad entera para anunciar que Cristo está Resucitado. Asimismo, en la vigilia se llevan a cabo los sacramentos de iniciación cristiana para los adultos. Recordemos también que es en esta celebración en donde se vuelve a entonar el canto del Gloria y del aleluya.
Así pues, les invito hermanos a vivir con fe y devoción cada uno de estos días. No echemos en saco roto esta bendición que el Señor nos está colocando en nuestras manos. Preparemos nuestro espíritu para resucitar con Cristo.
Les dejo de meditación el siguiente himno de la liturgia para que oremos con él:



  Te está cantando el martillo
y rueda en tu honor la rueda.
Puede que la luz no pueda
librar del humo su brillo.
¡Qué sudoroso y sencillo
te pones a mediodía,
Dios de esta dura porfía
de estar sin pausa creando,
y verte necesitando
del hombre más cada día!

Quién diga que Dios ha muerto
que salga a la luz y vea
si el mundo es o no tarea
de un Dios que sigue despierto.
Ya no es su sitio el desierto
ni en la montaña se esconde;
decid, si preguntan dónde,
que Dios está -sin mortaja-
en donde un hombre trabaja
y un corazón le responde.
Amén.

lunes, 14 de marzo de 2016

¿Palma bendita o Domingo de Ramos?

Muy querid@s lectores. Esta semana he estado pensando acerca de la Semana Santa ya que nos acercamos a esta gran celebración litúrgica. Como bien sabemos, la Semana Santa inicia con la celebración del Domingo de Ramos; en el cual conmemoramos la entrada triunfante y mesiánica de Jesús a Jerusalén. (Mateo 21, 1-11).
A propósito de esto, recuerdo que una vez una señora se me acercó y me dijo que estaba un poco triste porque había estado en la misa de Ramos pero que no había alcanzado a conseguir la palma bendita para ella; a lo cual inquirió diciendo: ¿será que me regala la suya padre? En el momento me pareció algo normal, pero después reflexionando me di cuenta que era interesante la preocupación de esta noble señora.
Ella, en su sencillez, veía en la palma bendita algo muy importante. No podría decir lo que ella pensaba, pero por su actitud puedo inferir que consideraba a dicha palma algo más que una hoja seca. Pues bien, en la celebración de la entrada mesiánica del Señor a Jerusalén ciertamente usamos este símbolo de las palmas siguiendo una antigua tradición en la Iglesia.

No obstante, no olvidemos que el carácter central de este día no está centrado en la bendición de la palma, sino en Aquél por el cual se movían esos ramos hace más de dos mil años. Agitar las palmas para recibir al Mesías es el símbolo por el que la Iglesia expresa el regocijo de recibir al que quita el pecado del mundo. 
Expresa el gozo de saber que Cristo sube a Jerusalén para ofrecerse como víctima pascual por mí. Pero es también el símbolo del sacrificio del martirio; de la entrega de su sangre en el madero de la cruz. Es por ello que el pueblo, de ayer, de hoy y de mañana acompaña ese peregrinar con la expresión “bendito el que viene en el nombre del Señor. Hosanna al Hijo de David”.
Vivamos con mucha fe este próximo Domingo de Ramos. Subamos con Jesús a Jerusalén; es decir, acompañémoslo en su sacrificio para que podamos resucitar con Él. “Hosanna al Mesías redentor. Hosanna”.
Comparto con ustedes el himno de laudes correspondientes al Domingo de Ramos:


HIMNO
El pueblo que fue cautivo
y que tu mano libera
no encuentra mayor palmera
ni abunda en mejor olivo.
Viene con aire festivo
para enramar tu victoria,
y no te ha visto en su historia.
Dios de Israel, más cercano:
ni tu poder más a mano
ni más humilde tu gloria.

¡Gloria, alabanza y honor!
Gritad: "¡Hosanna!", y haceos
como los niños hebreos
al paso del Redentor,
¡Gloria y honor
al que viene en el nombre de Señor! Amén.

lunes, 7 de marzo de 2016

El Padre Misericordioso
          Apreciados lectores y hermanos. Este cuarto domingo de Cuaresma la meditación del evangelio del Hijo Pródigo produjo en mí una resonancia particular. Me hizo sentir profundamente agradecido con Dios por lo bueno que ha sido conmigo. Desde muy pequeño, este pasaje del evangelio siempre me ha gustado. Sobre todo porque el hijo, habiendo “hecho de las suyas”, dejándose seducir por los placeres desenfrenados del mundo logró recapacitar y volvió junto a su padre, de donde nunca debió haber salido.
          No obstante, aunque este pasaje está identificado con el nombre de “El Hijo Pródigo”, para señalar la actitud de arrepentimiento del hijo, no obstante, en lo personal considero que es más aun conmovedora y llamativa la actitud del Padre. Pensemos por un momento que el padre, de acuerdo a las leyes y costumbres propias de su tiempo, tenía toda la razón en execrar a este hijo por haberse convertido en la afrenta de la familia.

          Ya todos conocemos la reacción del padre: recibió a su hijo con misericordia. Mientras iba de camino, éste venía practicando las excusas que le iba a decir a papá: he pecado, no merezco ser llamado tu hijo… mientras su papá, al verlo a lo lejos, echó a correr, lo abrazó, lo besó (aunque no lo dice el texto pero seguro lloró de alegría y compasión) lo vistió porque andaba en harapos, le puso las sandalias (sólo andaban descalzos los esclavos, por tanto lo volvió a hacer un hombre libre). Posteriormente le puso un anillo en su mano para recordarle su alianza y cuánto lo amaba para que, finalmente, hicieran la fiesta, la gran celebración por su regreso.
          El padre de esta parábola es imagen de la inmensa misericordia que tiene Dios con nosotros sus hijos. No son pocas las ocasiones en que, en un acto de rebeldía nos alejamos de la casa del Padre Dios movidos por nuestra soberbia. Queremos que se haga nuestra voluntad, dejando de lado el querer de Dios; sucumbimos ante el peso del pecado.
          Afortunadamente, esta parábola tuvo un final feliz; y en nosotros también Dios quiere darnos un final feliz. Un final lleno de paz, gracia y bendición. Dios Padre quiere hacer una fiesta por nosotros. Alguna vez el padre Kafka Pirela, de la Arquidiócesis de Valencia-Venezuela, me dijo que Jesús es el rostro de la misericordia del Padre y que, por eso, podemos contemplarlo en la cruz con los brazos abiertos para abrazarnos y con los pies clavados al madero de la cruz para esperarnos.
          Dejémonos abrazar y reconciliar por el Padre misericordioso. Nunca es tarde. Su amor es más grande de lo que creemos o imaginamos. Les dejo de meditación la oración de abandono de San Charles de Foucauld. Pongámonos en manos de Dios:

Padre mío, me abandono a ti.
haz de mí lo que quieras.
lo que hagas de mí te lo agradezco,
estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo
con tal que tu voluntad se haga en mí
y en todas tus criaturas,
no deseo nada más, Dios mío.
Pongo mi vida en tus manos.
Te la doy, Dios mío,
con todo el amor de mi corazón,
porque te amo,
y porque para mí amarte es darme,
entregarme en tus manos sin medida,
con infinita confianza,
porque tú eres mi Padre.

Padre Hugo.

martes, 1 de marzo de 2016

Humildad es andar en la verdad

          Queridos hermanos. Hace algunos días estaba leyendo algunos fragmentos de ese maravilloso tesoro que es conocido como Las Moradas de Santa Teresa de Jesús. Y entre tantas cosas tan buenas me encontré con la frase “humildad es andar en la verdad”.
          Se han dicho tantas afirmaciones acerca de la humildad. La han relacionado con la pobreza, otros entienden la humildad con el “pasar desapercibido” es decir, con que no nos note nadie. Algunos identifican a la humildad con la disposición de recibir afrentas sin responder ante ellas; entre otras.
          Es verdad que la humildad encierra, de algún modo, los aspectos que hemos señalado antes. Sin embargo, al asociar la humildad con el misterio de la verdad, estamos ante algo que va más allá de una mera cuestión de actitudes externas. Andar en la verdad exige de nuestra parte una dosis de sacrificio. Para andar en la verdad es necesario plantarme frente a ella y dejarme iluminar por esa verdad. Es, en primer término, reconocer que Dios es esa verdad inmutable ante la cual depende toda mi existencia. Para andar en la verdad es necesario estar dispuesto a rechazar la mentira o falsedad.
          Por otra parte, al confrontar mi vida con la verdad (Dios) me voy a encontrar con mis virtudes, habilidades y cosas muy buenas por las que debo sentirme contento y agradecido de tenerlas. Pero también me voy a descubrir con mis defectos y debilidades; los cuales debo aprender a aceptar para poder corregirlos.
          En definitiva, soy humilde cuando soy sincero con Dios (le hablo en la oración sin caretas ni excusas), conmigo mismo (me reconozco en mis virtudes y defectos) y con la Iglesia (vivo mi fe en comunidad amando y respetando a mis hermanos, mostrándome como soy sin aparentar más ni menos).
          Les dejo de reflexión este fragmento del poeta peruano Eliseo León Pretell:

La humildad seguramente
es la más certera clave,
es esa precisa llave,
que abre la puerta más dura.
La escalera más segura, 
que va al fin de nuestro anhelo,
conduciéndonos al cielo,
 donde hay vida eterna y pura.

Dios les bendiga y María les guarde.
Padre Hugo.