martes, 7 de junio de 2016


La puerta Santa


Queridos hermanos y lectores.

Hace unos días tuve la oportunidad de ir junto con el Ministerio de Lectores de la parroquia San Nicolás de Aurora a “pasar” por la Puerta Santa de la parroquia Nuestra Señora del Buen Consejo, ubicada en la misma ciudad. En verdad fue un momento de profunda espiritualidad ya que, como deben hacer todos los peregrinos, tuvimos la preparación previa para poder obtener los frutos que nos da este Año Santo.      
Como bien sabemos, el papa Francisco nos ha regalado un año de bendición que ha llamado “El año de la Misericordia” y ha propuesto como lema del mismo “Misericordiosos como el Padre”.
Es un año en el que de modo especial se invita a vivir las prácticas de misericordia como fuente de encuentro con el Dios misericordioso. No voy aquí a explicar cada una de las obras de misericordia que manda la Iglesia (me basta con resumir diciendo que son siete corporales y siete espirituales). Pero sí quiero detallar un poco el gesto externo que realizamos: pasar por la Puerta Santa.

Desde hace siglos la Iglesia ha establecido que en los años llamados Jubilares los fieles puedan, a través del signo de la Puerta Santa, implorar a Dios el perdón por las culpas, fruto de nuestros pecados. Ciertamente que este signo hunde sus raíces en el Evangelio, cuando Jesús se identifica a sí mismo como La Puerta (Juan 10, 1-10) por la que debemos pasar para alcanzar la salvación.
De ahí se deriva que, en cada diócesis del mundo, los obispos establezcan las llamadas Puertas Santas o Puertas Jubilares para que, cumpliendo con las exigencias, podamos ganar la Indulgencia Plenaria; entendiendo ésta como la remisión total de la mancha de culpa que se origina en nuestra alma cuando incurrimos en pecado mortal. Recordemos que cuando nos confesamos con todas las condiciones necesarias para “confesarnos bien” (leer mi artículo del 4 de abril de 2016 titulado Es Eterna su Misericordia) el pecado es perdonado por medio del ministerio de la Iglesia, pero la mancha o culpa permanece; la Indulgencia Plenaria nos limpia de dicha mancha.
Esa indulgencia Plenaria puede ser ganada solo una vez por día y puede aplicarse para sí mismo o por algún familiar ya difunto. Señalo brevemente las condiciones que se deben cumplir: 
1) Hallarse en estado de Gracia. 2) Pasar por la Puerta Santa. 3) Disposición interior de total desapego al pecado (mortal o venial). 4) Confesión sacramental de sus pecados. 5) Recibir la Sagrada Eucaristía. 6) Orar por las intenciones del Papa (se sugiere ofrecer un Padrenuestro y un Avemaría por esta intención). 7) Realizar alguna obra de misericordia.
Que Dios nos ayude a alcanzar la misericordia por nuestros pecados. No desaprovechemos este año de Gracia que Dios nos está regalando.

Dios les bendiga.
Fr. Hugo Jiménez.



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