La puerta Santa
Queridos hermanos y lectores.
Hace unos días tuve la oportunidad de ir junto con el
Ministerio de Lectores de la parroquia San Nicolás de Aurora a “pasar” por la
Puerta Santa de la parroquia Nuestra Señora del Buen Consejo, ubicada en la misma
ciudad. En verdad fue un momento de profunda espiritualidad ya que, como deben
hacer todos los peregrinos, tuvimos la preparación previa para poder obtener
los frutos que nos da este Año Santo.
Como bien sabemos, el papa Francisco nos ha regalado
un año de bendición que ha llamado “El año de la Misericordia” y ha propuesto
como lema del mismo “Misericordiosos como el Padre”.
Es un año en el que de modo especial se invita a vivir
las prácticas de misericordia como fuente de encuentro con el Dios misericordioso.
No voy aquí a explicar cada una de las obras de misericordia que manda la
Iglesia (me basta con resumir diciendo que son siete corporales y siete espirituales). Pero sí quiero detallar un poco el gesto externo que
realizamos: pasar por la Puerta Santa.
Desde hace siglos la Iglesia ha establecido que en los
años llamados Jubilares los fieles puedan, a través del signo de la Puerta
Santa, implorar a Dios el perdón por las culpas, fruto de nuestros pecados.
Ciertamente que este signo hunde sus raíces en el Evangelio, cuando Jesús se
identifica a sí mismo como La Puerta (Juan 10, 1-10) por la que debemos pasar
para alcanzar la salvación.
De ahí se deriva que, en cada diócesis del mundo, los
obispos establezcan las llamadas Puertas Santas o Puertas Jubilares para que,
cumpliendo con las exigencias, podamos ganar la Indulgencia Plenaria;
entendiendo ésta como la remisión total de la mancha de culpa que se origina en
nuestra alma cuando incurrimos en pecado mortal. Recordemos que cuando nos
confesamos con todas las condiciones necesarias para “confesarnos bien” (leer mi artículo del 4 de abril de 2016 titulado Es Eterna su
Misericordia) el pecado es perdonado por medio del ministerio de
la Iglesia, pero la mancha o culpa permanece; la Indulgencia Plenaria nos
limpia de dicha mancha.
Esa indulgencia Plenaria puede ser ganada solo una vez
por día y puede aplicarse para sí mismo o por algún familiar ya difunto. Señalo
brevemente las condiciones que se deben cumplir:
1) Hallarse en estado de
Gracia. 2) Pasar por la Puerta Santa. 3) Disposición interior de total
desapego al pecado (mortal o venial). 4) Confesión sacramental de sus pecados.
5) Recibir la Sagrada Eucaristía. 6) Orar por las intenciones del Papa (se
sugiere ofrecer un Padrenuestro y un Avemaría por esta intención). 7) Realizar
alguna obra de misericordia.
Que Dios nos ayude a alcanzar la misericordia por
nuestros pecados. No desaprovechemos este año de Gracia que Dios nos está
regalando.
Dios les bendiga.
Fr. Hugo Jiménez.


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