jueves, 23 de junio de 2016



El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó: bendito sea el nombre del Señor.


Queridos hermanos en Cristo. Doy gracias a Dios por poder compartir con ustedes una vez más. Les cuento que cierta ocasión, durante mi etapa de seminarista, tuve la oportunidad de estar en una comunidad en Venezuela llamada Petare. Ésta es una de las barriadas más grandes de América Latina. Uno de esos días que andaba por sus calles, acompañado por otro seminarista, pasamos por el frente de una funeraria que tenía por nombre La Voluntad de Dios. En el momento bromeamos un poco con respecto al nombre; puesto que nos resultaba un poco trágico y desconsolador para quienes tenían que llevar a su familiar difunto.
Sin embargo, ese nombre me hizo reflexionar: ¿Ciertamente es voluntad de Dios el trance de la muerte? A todos en algún momento de nuestra vida nos ha tocado experimentar la muerte de algún ser que amamos. Es uno de los momentos más dolorosos de la existencia humana: ¿es acaso la voluntad de Dios el que tengamos que sufrir?
Verdaderamente, la vida a veces nos presenta circunstancias fuertes, dolorosas y a veces incluso un poco desalentadoras. Sin embargo, un hombre o mujer que es discípulo de Cristo debe sobreponerse ante las adversidades desde una mirada de fe. El libro de Job nos acerca un poco a la clave de interpretación ante el misterio del dolor humano; dice Job: Desnudo salí del seno de mi madre, desnudo allá retornaré. Yahveh me lo dio, Yahveh me lo quitó: ¡Sea bendito el nombre de Yahveh! (Job 1, 21)

         Job nos enseña que todo cuanto vivimos en esta vida es para nuestro provecho y para honra y gloria de Dios. Para nosotros es tan fácil bendecir a Dios cuando nos va bien: en la salud, el gozo, la paz (aunque a veces ni siquiera eso hacemos), pero cuando nos acecha el dolor y el llanto se nos hace tan ligero el renegar de Dios, incluso a veces hasta le reprochamos de mala gana las circunstancias adversas que nos toca vivir.
      Una mirada de fe nos hace decir gracias Señor por todas las cosas buenas que me das y, cuando nos toca la hora de la prueba, entonces la fe nos impulsa a decir gracias Señor porque aunque no entiendo el por qué de este sufrimiento, sé que tienes un plan maravilloso en medio de esta situación. Aunque no concibo el ¿por qué? Estoy seguro de que me ayudarás a vivir el ¿para qué?; es decir, el sentido del sufrimiento en la vida.  
El santo papa Juan Pablo II nos regaló una bellísima carta llamada Salvificis Doloris (la cual recomiendo leer) en la cual, con palabras acertadas, nos enseñó que también en el sufrimiento se manifiesta el rostro salvador de Dios; llegando incluso a decir que el sufrimiento en la vida del cristiano se convierte en camino de salvación ya que nos asociamos al dolor redentor de Cristo.
Que Dios nos ayude a vivir en acción de gracias en todo momento. Recordemos que todo ocurre para bien de los que aman a Dios (Rom 8, 28).

Dios les bendiga.


Fr. Hugo Jiménez. 

2 comentarios:

  1. Excelente reflexión sobre el dolor humano, y más aquel que se sufre al perder un ser querido, cuándo llegaremos a comprender que la muerte no es un perdida sino un ganancia! Que Dios nos de la fuerza de comprender su voluntad...

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    1. Saludos amigo Pedro. Pues es así. Ofrecer cada día a Dios, en las buenas y en las malas. Sigue adelante en esta vocación maravillosa que Dios nos ha dado. Dios te bendiga.

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