martes, 12 de abril de 2016

Obedecer a Dios antes que a los hombres
(Hechos 5, 29)

          Apreciados lectores. El tercer domingo de Pascua nos ha regalado en la primera lectura de la liturgia de la Palabra una frase impactante, contundente y, por qué no decirlo, "cuestionadora". Nos ha dicho el libro de los Hechos de los Apóstoles que: “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Para mí esta frase resulta retadora.
          Digo que es “retadora” porque de un modo directo nos cuestiona acerca del “tipo de cristianismo” que estamos viviendo. Nos reta a confrontar nuestras acciones con respecto al querer de Dios.
          A veces nos acostumbramos a un “cristianismo light”, en el cual no quiero ningún compromiso. Ese tipo de cristianismo en el cual nos gustan muchas cosas “religiosas” pero pocas o nada que tenga que ver con la obediencia en la fe. Algunos quisieran un cristianismo de “misas acumuladas” pero nada de testimonio cristiano porque eso me compromete y me exige llevar la cruz. Esto me hace acordar una secta protestante que se hizo presente especialmente en América Latina que tiene por slogan “pare de sufrir”. Muchos quisieran un cristianismo dulce como la miel (como dice una canción), pero nada que implique una dosis de esfuerzo, sacrificio o sufrimiento redentor.

          El obedecer a Dios antes que a los hombres tiene mucho que ver con esto que venimos hablando. Colocar a Dios antes que todo lo demás quizás, en ocasiones, nos colocará como piedra de choque o escándalo en la sociedad (entendamos por sociedad familia, trabajo, amistades, hijos, esposa/o,). Una sociedad que vive de espaldas a Dios, sumergida en el pecado de la indiferencia religiosa.
          Nosotros debemos ser signo de contradicción en el mundo por nuestra obediencia fiel a Dios. Jesús mismo es signo de contradicción (lee el evangelio de Juan 3, 14-21). Hermanos esforcémonos por responder a Dios, cada uno de acuerdo a la vocación a la que ha sido llamado. Solo buscando a Dios podremos ser verdaderamente felices. Hacer la voluntad del mundo nos conduce a cosechar frutos de este mundo: vanidad, odios, rivalidades, egoísmos, materialismo inerte que se acaba con la muerte.
          En cambio, hacer la voluntad de Dios nos pondrá a producir frutos del Reino de Dios. Busquemos por tanto, el reino de Dios y su justicia y lo demás se nos dará por añadidura. (Mateo 6, 33)

Dios les bendiga.
Fr. Hugo Jiménez.

"¡Oh, virtud de la obediencia, que todo lo puedes!" Santa teresa de Jesús. 

2 comentarios:

  1. Entre la paciencia y la obediencia no sabría distinguir cuál es más difil Padre Hugo. Gracias por su Sabiduría.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así es. Ambas requieren de una total confianza en Dios. Sólo recuerda que Dios no se equivoca. Obedecer a Dios es un acto de fe en la perfecta voluntad del Padre Dios. Dios te bendiga.

      Eliminar